Por qué existe Entre Mundos.
Algunos proyectos nacen de la estrategia.
Este nació de la emoción.
Durante años, la cultura latina ya era parte de mi vida. A través de la salsa. Del bachata. Del merengue. De noches llenas de música, movimiento y personas que llevan una calidez que Europa a menudo olvida.
Mucho antes de que existiera esta cápsula, esos ritmos ya me resultaban familiares.
Luego llegaron los discursos. Las palabras sobre la patria. Sobre la identidad. Sobre el orgullo. Sobre la idea de que América no es un país, sino un continente entero lleno de historias, culturas, dolor, belleza y pertenencia.
Y algo de eso me quedó.
No políticamente. Emocionalmente.
Porque entendí el sentimiento detrás de ello. El sentimiento de llevar más de un mundo dentro de uno mismo. El sentimiento de que la cultura puede cruzar océanos mucho antes que las personas. El sentimiento de que la música, el idioma y la emoción pueden crear pertenencia incluso entre personas nacidas muy lejos una de la otra.
Entre Mundos nació de ese momento.
No como mercancía. No como tendencia. No como marketing. Sino como un puente simbólico entre Europa y América. Entre el movimiento y la memoria. Entre la identidad y la emoción.
Un recordatorio de que a veces el corazón pertenece a más de un lugar.




